Estrés térmico en cerezos: qué ocurre en la planta y cómo apoyar su recuperación
El cerezo (Prunus avium L.) puede ser particularmente sensible a episodios de altas temperaturas cuando estos coinciden con etapas de elevada demanda fisiológica, como crecimiento de frutos, maduración y postcosecha.
El efecto del calor no depende únicamente de alcanzar una determinada temperatura. La duración del evento, las temperaturas nocturnas, la radiación, el estado hídrico, la etapa fenológica, la variedad y el portainjerto también determinan la intensidad de la respuesta.
Estudios recientes realizados en cerezo confirman que la exposición a altas temperaturas puede afectar la fotosíntesis, aumentar el daño oxidativo, modificar el balance hormonal y activar mecanismos de ajuste osmótico y defensa antioxidante [2].
¿Qué ocurre dentro de la planta durante un evento de calor?
1. La fotosíntesis pierde eficiencia
Cuando aumenta excesivamente la temperatura, la maquinaria fotosintética comienza a trabajar bajo condiciones menos favorables. El fotosistema II, las membranas de los cloroplastos y diferentes enzimas metabólicas pueden verse comprometidos.
El resultado puede ser una reducción en la capacidad de fijar carbono y, por lo tanto, menos energía disponible para procesos como crecimiento, desarrollo y recuperación del cultivo.
En estudios de campo con distintos portainjertos de cerezo sometidos a altas temperaturas se han observado diferencias importantes en capacidad antioxidante, daño de membranas y respuesta fisiológica, demostrando además que la tolerancia al calor no es igual entre distintos materiales vegetales [2].
2. Aumenta el estrés oxidativo
Las altas temperaturas pueden aumentar la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS). Estas moléculas participan normalmente en el metabolismo y la señalización celular, pero cuando se acumulan en exceso pueden generar oxidación de lípidos, proteínas y otras estructuras celulares.
La planta responde activando sus propios sistemas antioxidantes. La capacidad de mantener este equilibrio entre producción y eliminación de ROS es uno de los componentes importantes de la tolerancia al estrés térmico.
3. La planta necesita mantener su equilibrio osmótico
Durante episodios de altas temperaturas puede aumentar también la pérdida potencial de agua por transpiración. Frente a estas condiciones, las plantas activan mecanismos de ajuste osmótico que contribuyen a conservar el equilibrio hídrico y la estabilidad celular. Entre los compuestos involucrados se encuentran distintos osmólitos compatibles, como la glicina betaína y algunos aminoácidos.
La glicina betaína ha sido ampliamente estudiada por su participación en la protección de membranas, proteínas y componentes del aparato fotosintético bajo condiciones de estrés.
En ensayos realizados bajo altas temperaturas, una mayor disponibilidad de glicina betaína se ha asociado con mejor desempeño fotosintético y menor daño oxidativo, aunque la magnitud de la respuesta puede depender de la especie, el genotipo y las condiciones experimentales [3].
4. El calor también puede afectar directamente la calidad de la cereza
El efecto no se limita a hojas y brotes.
Un estudio realizado en frutos de cerezo mostró que un régimen de 34 °C durante el día y 24 °C durante la noche, comparado con 24/14 °C, redujo marcadamente la acumulación de antocianinas y retrasó la coloración.
Después de cuatro días, el contenido final de antocianinas de los frutos sometidos al tratamiento de alta temperatura fue aproximadamente un tercio del observado bajo el régimen térmico más moderado. Los investigadores asociaron esta respuesta con alteraciones en regulación hormonal y en las vías de síntesis de antocianinas [1].
Esto no significa que exista una temperatura única a partir de la cual el cerezo se dañe, pero demuestra que episodios térmicos relativamente breves durante etapas sensibles pueden tener consecuencias fisiológicas y comerciales.
Entonces, ¿cómo podemos ayudar a la planta?
El manejo del estrés térmico debe ser integrado.
Una buena disponibilidad hídrica, manejo adecuado de la canopia, estrategias para reducir exceso de radiación cuando corresponda y una nutrición equilibrada siguen siendo fundamentales.
A esto puede sumarse el uso estratégico de bioestimulantes destinados a apoyar los mecanismos fisiológicos que la planta utiliza naturalmente frente al estrés.
Mecanismos fisiológicos que pueden ser apoyados frente al estrés térmico
La evidencia disponible muestra que distintos bioestimulantes pueden intervenir en más de un componente de la respuesta al calor, aunque la magnitud y el tipo de respuesta dependen de la especie, el genotipo, la formulación y el contexto de aplicación [3–5].
Glicina betaína
Actúa como osmoprotector compatible y ha sido relacionada experimentalmente con mayor estabilidad del aparato fotosintético y mejor respuesta frente a altas temperaturas. En un estudio reciente en frambuesa, un bioestimulante basado en glicina betaína mejoró parámetros asociados al funcionamiento del fotosistema II, la fotosíntesis y la capacidad antioxidante bajo temperaturas superiores a 35 °C, aunque la magnitud de la respuesta varió entre los genotipos evaluados [3].
Aminoácidos funcionales
Los aminoácidos participan en numerosos procesos metabólicos y de respuesta al estrés. La prolina, por ejemplo, interviene en el ajuste osmótico y en el metabolismo redox. Un estudio publicado en 2026, realizado en dos cultivares de tomate sometidos a 43 °C, mostró que la respuesta a la aplicación foliar de prolina dependió del genotipo y del contexto fisiológico [5]. Este resultado refuerza la importancia de integrar estas herramientas dentro de un manejo agronómico más amplio.
Extractos vegetales y sistemas antioxidantes
También existe evidencia experimental de que bioestimulantes basados en extractos de algas o aminoácidos pueden modificar la respuesta de las plantas al calor.
En Arabidopsis thaliana —una planta modelo ampliamente utilizada en investigación vegetal— tratamientos con bioestimulantes basados en extracto de alga o aminoácidos, aplicados antes de un episodio breve de alta temperatura, modificaron la expresión de genes relacionados con proteínas de choque térmico y sistemas antioxidantes y redujeron indicadores de daño oxidativo [4]. Aunque se trata de un modelo experimental y no de cerezo, el estudio ayuda a comprender mecanismos fisiológicos que también participan en la respuesta vegetal al calor.
En síntesis: el manejo del estrés térmico debe ser integrado
El estrés térmico en cerezo no responde a un único mecanismo ni puede abordarse con una sola intervención. Su impacto depende de la intensidad y duración del evento, del estado hídrico, la etapa fenológica, la variedad y el portainjerto. Por eso, las estrategias más consistentes combinan un manejo adecuado del agua, la canopia y la radiación cuando corresponda, una nutrición equilibrada y el monitoreo de la respuesta del cultivo.
Los bioestimulantes pueden incorporarse como herramientas complementarias cuando su formulación y momento de uso son coherentes con el objetivo fisiológico. La evidencia revisada muestra respuestas sobre fotosíntesis, sistemas antioxidantes y otros mecanismos asociados a la tolerancia al calor, pero también confirma que su efecto depende de la especie, el genotipo y el contexto de aplicación [3–5]. Anticipar períodos de alta exigencia y evaluar la respuesta del huerto permite tomar decisiones con mayor fundamento que intervenir únicamente cuando el daño ya es evidente.
FertiStress® y estrés abiótico
FertiStress® es un bioestimulante foliar NVA orientado a apoyar la respuesta del cultivo frente a condiciones de estrés abiótico, incluyendo períodos de alta temperatura, radiación y déficit hídrico.
Referencias seleccionadas
- Tan Y. et al. (2023). High temperature inhibited the accumulation of anthocyanin by promoting ABA catabolism in sweet cherry fruits. Frontiers in Plant Science, 14:1079292. doi.org/10.3389/fpls.2023.1079292
- Luo H. et al. (2026). Field-Based Evaluation of Heat Tolerance in Sweet Cherry Rootstocks Reveals Integrated Morphological and Physiological Adaptation Mechanisms. Horticulturae, 12(2), 240. doi.org/10.3390/horticulturae12020240
- Makonya G.M. et al. (2025). Biostimulants with glycine betaine or kelp extract alleviate heat stress in red raspberry (Rubus idaeus). Scientific Reports, 15, 2251. doi.org/10.1038/s41598-024-83955-7
- Cocetta G. et al. (2022). Priming Treatments with Biostimulants to Cope the Short-Term Heat Stress Response: A Transcriptomic Profile Evaluation. Plants, 11(9), 1130. doi.org/10.3390/plants11091130
- González Barrios Y. et al. (2026). Metabolic Plasticity Versus Conservative Strategies: How Nitrogen Form and Foliar Proline Modulate Genotypic Heat Stress Responses in Tomato. Plants, 15(13), 1993. doi.org/10.3390/plants15131993
